sábado, 25 de febrero de 2017

LA GUERRA DE LA IZQUIERDA CONTRA DONALD TRUMP


Vaticino que esta guerra de la izquierda contra el Presidente Donald Trump y su equipo de gobierno será llevada a cabo sin compasión ni tregua por los próximos 4 años.

Por Alfredo M. Cepero

Concluidas las elecciones del 2016, muchos ilusos pensaron que los ánimos se calmarían, los demócratas aceptarían su derrota y el recién estrenado Presidente Donald Trump disfrutaría de la consabida luna de miel que tradicionalmente han disfrutado otros presidentes. Yo no me hice esa ilusión ni un solo momento. El odio había sido muy vitriólico, los demócratas estaban convencidos de que Hillary sería coronada y la izquierda es mala perdedora.

Pero, aunque esperaba el rechazo, nunca me imaginé que sería tan violento. En mi mas de medio siglo en los Estados Unidos nunca he visto nada parecido. Donald Trump es mas odiado que Richard Nixon y mas temido que Barry Goldwater, dos republicanos que fueron objeto de los ataques mas arteros de la izquierda y de la prensa que la acompaña en su cruzada de transformación radical de la sociedad norteamericana.

Aquí me parece oportuno hacer una distinción entre la izquierda radical de discípulos de Saul Alinsky como Barack Obama y la izquierda moderada de demócratas como el presidente Jimmy Carter y los senadores Sam Nunn y Henry M. Jackson. Estos fueron exponentes de un liberalismo al estilo norteamericano que ha sido barrido ahora del Partido Demócrata por extremistas que amenazan con destruirlo.

Carter, Nunn y Jackson eran hombres comprometidos con la filosofia Judio-Cristiana sobre la que ha descansado tradicionalmente la sociedad norteamericana. Pero, al igual que la izquierda de muchos países en la actualidad, la izquierda de Obama, Bernie Sanders y Elizabeth Warren ve a los Estados Unidos como una sociedad racista, xenofóbica, guerrerista, imperialista, avariciosa y estúpidamente religiosa. A esta gente no se les convence con el diálogo; se les vence con los votos, tal como lo hizo Donald Trump.

Pero una cosa fue vencerlos con los votos y otra cosa es enderezar el entuerto que dejaron tras de si estos fanáticos ideológicos, sobre todo en el campo internacional. 

Con el objeto de restaurar la preeminencia de los Estados Unidos, Donald Trump se ve ahora obligado a librar una guerra contra el terrorismo islámico y contra enemigos tradicionales envalentonados por la cobardía de Obama como Rusia, Siria, Irán y Corea del Norte. Unos invaden territorios, otros prueban proyectiles de largo alcance y otros desarrollan armamentos de destrucción masiva. Pero todos están al asecho de los puntos vulnerables de los Estados Unidos y todos buscan señales de debilidad en el nuevo presidente.

Sin embargo, todas esas asechanzas, con todos sus retos y riesgos, no son tan peligrosas como la guerra que ha desatado contra Trump y su equipo una izquierda enardecida que no se resigna a haber perdido las ultimas elecciones presidenciales. De hecho, nos encontramos ante un estado de guerra civil similar al que se vio obligado a confrontar Abraham Lincoln entre 1861 y 1865. La realidad es que los Estados Unidos de 2017 están hoy tan divididos como los que heredó Lincoln en 1861. En este contexto es importante tener en cuenta que los grandes imperios de la historia humana han desaparecido por conflictos internos más que por ataques y hostigamiento externos.

Por mi parte, vaticino que esta guerra de la izquierda contra el Presidente Donald Trump y su equipo de gobierno será llevada a cabo sin compasión ni tregua por los próximos 4 años. Por lo tanto, Donald Trump y quienes lo acompañan en su agenda de restauración de la grandeza de América tienen que caminar como quien negocia un campo minado. Minas que fueron plantadas por Barack Obama, su gemelo ideológico y sicario político Ben Rohdes y prevaricadores de sus obligaciones profesionales como James Clapper, de la Agencia Nacional de Inteligencia y John Brenan de la CIA. Las filtraciones de secretos de estado y material clasificado de los últimos días son consecuencia de las trampas puestas por esta gente. Nadie mas que ellos tenían acceso y control de tales materiales.

La primera víctima fue el General Michael Flynn por su oposición al desastroso acuerdo nuclear con Irán. Cuando sus colegas James Clapper y John Brenan restaron importancia a las amenazas del terrorismo islámico para complacer a Obama, el General Flynn, por entonces Director de la Agencia de Inteligencia del Pentágono, denunció la patraña y les echó a perder la fiesta. Ahora le pasaron la cuenta.

La imputación de que Michael Flynn violó la obsoleta y raramente aplicada Ley Logan de 1799 cuando sostuvo una conversación telefónica con el embajador ruso en los Estados Unidos antes de la toma de posesión de Trump tiene más connotación de venganza política que validez jurídica. En términos generales, la misma estipula que cualquier ciudadano norteamericano que negocie con un gobierno extranjero que tenga una disputa con el gobierno de los Estados Unidos será sujeto a penas de multas o prisión. Nos preguntamos entonces por qué no fue aplicada a violadores de la misma como Jimmy Carter, Jesse Jackson, George McGovern, miembros del Concilio Negro del Congreso y todos los rojos de Hollywood que, mientras este asesinaba cubanos y confiscaba propiedades norteamericanas, fueron a reirle los chistes y hacerle carantoñas al tirano Fidel Castro.

Por otra parte, la guerra de la izquierda contra Donald Trump se ha manifestado en el escenario del poder judicial. La promesa del presidente de expulsar delincuentes y cerrar las puertas a terroristas potenciales fue concretada en su reciente orden presidencial sobre inmigrantes procedentes de países donde existen células de ISIS y de Al-Qaida. Trump actuó al amparo de la Sección 212, inciso (f), de la Ley de Inmigración y Naturalización. Dicha sección otorga al presidente amplios poderes para suspender o limitar el ingreso al país de cualquier extranjero que represente un peligro para la seguridad nacional. Pero la izquierda esta más interesada en promover su agenda que en garantizar la seguridad de los norteamericanos.

Un panel de tres magistrados del Noveno Circuito, tan a la izquierda que el 86 por ciento de sus fallos han sido anulados por el Tribunal Supremo, ratifico la decisión de un juez de distrito suspendiendo la aplicación de la orden presidencial. Una gran noticia para los terroristas que se han impuesto como misión sembrar el terror en las democracias occidentales. Resultado: el 75 por ciento de los inmigrantes que arribaron a los Estados Unidos en la semana siguiente al fallo procedían de los 7 países objeto de la prohibición presidencial.

También es importante señalar que la embestida de la izquierda contra Trump se extiende desde los salones del Capitolio hasta las turbas callejeras. Después de haber sido aprobada en el Senado por un estrecho margen, la recién juramentada Secretaría de Educación, Betsy Devos decidió visitar una escuela primaria del Distrito de Columbia, base del gobierno federal. La señora Devos fue confrontada por la chusma militante del movimiento de "Las vidas negras importan" (Black Lives Matter) y se salvó de ser víctima de una agresión física gracias a la intervención inmediata de la policía.

Y ya en el colmo de la maldad y del ensañamiento, el periodista del desprestigiado New York Times, Jacob Bernstein dijo, cuando pensaba que no lo escuchaban, que la primera dama de los Estados Unidos, Melanie Trump, había trabajado como prostituta. La misma prensa que habría literalmente estallado en llamas si el comentario hubieses sido hecho sobre Michelle Obama, mantuvo un silencio miserable y cómplice. No en balde son pocos los norteamericanos que creen en esta prensa rastrera y vocera de la izquierda.

Lamento terminar con una nota negativa pero la realidad es que el futuro inmediato de los Estados Unidos será de confrontación y discordia. La izquierda mantendrá su guerra contra Trump pero, a diferencia de los conservadores de otros tiempos, sus partidarios no se quedarán con los brazos cruzados. Como César al pasar el Rubicón, Donald Trump esta demostrando con su conducta que, para él, la suerte está echada y no esta dispuesto a rendirle cuentas a nadie.

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