domingo, 31 de octubre de 2010

La muerte del Lupín: SIC TRANSIT GLORIA MUNDI


PPV - PANORAMA POLÍTICO DE LOS VIERNES

Responsable de esta recopilación: Edgardo Frola

Buenos Aires, 29 de octubre del 2010

Estimados:

La muerte del que llamábamos en nuestro PPV el Presidente de Facto de la Nación ha conmocionado al país. Es lógico, ya que era él quien co-gobernaba en sociedad con su cónyuge: Néstor Kirchner desde Olivos, dedicado con ahínco y pasión desmedida a “conservar el poder” y Cristina Fernández cumpliendo una función mas decorativa que consistía en viajes al exterior, labores protocolares y discursos al por mayor donde pretendía dar cátedra sobre el exitoso “modelo” -como a la pareja gustaba definir a su inexistente “plan de gobierno”- el que funcionaba con el aporte férreo y solidario de ambos cónyuges.

A Kirchner lo mató su precaria salud, pero sobretodo su estilo autoritario e individualista, que le impedía dejar un solo día su rol de jugador compulsivo para “bajar un cambio”, como le aconsejaban sus médicos. Desde el primer día en que llegó a la Rosada trabajó incansablemente para “construir poder”, labor que basaba en su experiencia santacruceña y que aplicó a nivel nacional con resultados más que exitosos: el conflicto, el provocar enfrentamientos entre diversos sectores de la sociedad, el sembrar la discordia a diestra y siniestra, el convencimiento que en la política para ser verdaderamente dueño del Poder no debe considerarse al opositor como adversario, con el cual hay que dialogar democráticamente sino como enemigo a destruir como sea, aunque para ello haya que violar las normas básicas de la democracia y de la misma Constitución Nacional, todos esos ingredientes integraban su receta. Y tenía muy en claro que el Poder se obtiene y se retiene si se posee un manejo absoluto de La Caja, una labor financiera que llevaba en sus genes, ya que heredó de sus ancestros la tendencia a la usura y la especulación.

Fue así un aplicado discípulo de Nicolás Maquiavelo, aunque nunca haya leído ni la carátula de “El Príncipe”, y su arduo y eficaz trabajo político puso al desnudo la miseria y podredumbre moral que afecta a la sociedad argentina. Supo poner de rodillas a empresarios, intendentes, gobernadores, gremialistas y demás integrantes del contexto social mostrando que, o por dinero, o por simple afán de acercarse al poderoso, los diversos factores de poder se le subordinaban genuflexos mostrándose cual dóciles corderos implorando una caricia del amo.

Destruyó a quienes consideraba el mayor peligro para sus pretensiones de reinar por los siglos de los siglos: Las Fuerzas Armadas, dejando al país inerme en materia de defensa. Y se enfrentó, apostando a todo o nada, con quienes no aceptaban sus designios. Así cayó en su larga lista de blancos la Iglesia Católica y su mayor representante local, el cardenal Bergoglio o algunas de las pocas empresas que se mostraron díscolas -como Shell- . Pero comenzó a chingarla cuando, en su ya pronunciado delirio, se lanzó contra quienes habían sido sus aliados y/o votantes. Así se ganó la enemistad de las fuerzas del campo, un sector que reaccionó recién cuando le tocaron el bolsillo mas allá de lo que ellos estaban dispuestos a aceptar, pero que en el 2006 fueron en gran porcentaje al cuarto oscuro a votar masivamente a su mujer para presidenta ya que hasta ese momento “económicamente les iba bien”. Esta traición a sus votantes le costó muy cara y marcó su declinación como Patrón Absoluto de la Estancia llamada Argentina.

Luego la emprendió como toro enfurecido contra el multimedios Clarín, otro de los que en el principio constituía el principal puntal de la “Prensa K”, esa prensa que se mueve más como empresario prebendario que como verdadero periodista, buscando no dar la noticia o hacer la crítica que la gente busca, sino vivir de la pauta publicitaria que el gobierno le otorga, mas los “sobres” que bajo cuerda recibe - tanto el mismo medio como algunos de sus periodistas. -por parte de quienes manejan los “fondos reservados” del gobierno.

Los medios nacionales, esos medios que él y su esposa vivían atacando, al conocer su deceso se largaron masivamente a ponerle el micrófono a cuanto político, artista o deportista encontraban para que dijeran cuan consternados estaban por la súbita muerte del Lupo santacruceño. Hemos oído en las últimas horas cínicas afirmaciones de gran pesar de quienes hasta momentos antes de su muerte le deseaban lo peor.

El show mediático nos seguirá aturdiendo con loas y mas loas, nacionales e internacionales de los que por lo bajo no dudan en decir lo contrario de lo que manifiestan a la prensa. Eso forma parte del cinismo intrínseco de la política.

Pero una vez apagado el show necrológico que representarán las próximas horas, y que finalizará en el momento en que el cuerpo de Kirchner sea sepultado en Río Gallegos, vendrá un período de luto y llanto que no va a ser muy largo, pero cuyo final será muy cerca del comienzo de las fiestas de fin de año, algo que en nuestro país provoca cierta “hibernación” de la actividad política, situación que sigue hasta marzo. Pero ojo, que no será un período pacífico, pues periodistas, políticos, gremialistas, empresarios y politólogos comenzarán con las especulaciones sobre el futuro político de este gobierno y desde el lunes nos bombardearán con cientos de opiniones y versiones de las más diversas, desde las apocalípticas
–que serán muchas- hasta las ingenuamente moderadas – que serán pocas- .

Por nuestra parte creemos que se equivocan los agoreros que hablan de desestabilización inmediata, o que la pobre Cristina se encontrará perdida y no sabrá que hacer o aún que va a aprovechar la muerte de su marido y, dejando de lado su legado, se va a desprender de sus más cercanos y fieles colaboradores, como Guillermo Moreno y el titular de la CGT Hugo Moyano.

Explicaremos porque pensamos así:
Esta muerte –como ya lo han dicho en los diarios de ayer y hoy varios comentaristas políticos- tiene algunas semejanzas con la de Perón en 1974– salvando las diferencias entre los personajes ya que el Lupo distaba mucho de tener las dotes del viejo líder, y la viuda actual es algo más inteligente y habilidosa que la pobre Isabelita-, y La Señora deberá recomponer rápidamente el esquema de poder para seguir gobernando sin sobresaltos hasta las próximas elecciones, distanciándose de aquel caótico gobierno de Isabel Martínez ( y de muy buena fuente sabemos que sus íntimos ya están trabajando en esto). Hay que señalar algo muy importante para comprender porque hablaremos de un plan “A” y de un plan “B”: a Kirchner lo que más le importaba era el Poder, el Poder Absoluto sea cual sea la línea ideológica que debía tomar. A ella, más allá del Poder, le interesaba -y le sigue interesando- lo ideológico, y con ello la venganza , la que extendía no sólo a los militares setentistas, sino al menemismo, y hasta el mismo Perón, al que entre íntimos manifestó que lo odiaba, llamándolo “ese viejo de mierda” pues los traicionó en los setenta.

Como ya lo dijimos, los opinólogos hablan de varios escenarios posibles, mencionando desde “gobierno de coalición” hasta “su inmediata renuncia y llamado a elecciones”. Nada de ello sucederá a nuestro entender. Compartimos si las opiniones que dicen que se largará a “continuar con el modelo” sin mostrar que traiciona la línea que marcó su marido, y para ello – si deja de lado su pasión montoneril- deberá utilizar a sus “López Regas” – que también distan mucho de ser brutos como el famoso “Brujo”- optando por el que llamamos “plan A”. Y hay dos sujetos, de muy bajo perfil, pero que eran los más cercanos colaboradores del Hombre de Olivos, a los que Cristina deberá necesariamente recurrir si quiere seguir los pasos de su difunto esposo, tal vez con algunos cambios moderadores.

El primero de ellos es Julio De Vido, y el segundo Carlos Zannini. Los demás podrán quedar o no quedar, pero estos dos son la muestra concreta que, si permanecen en sus puestos, se seguirá con el famoso “modelo de inclusión social” con el que tanto se llena la boca Cristina en sus diarios discursos de Maestra Ciruela.

Al no tener las ya famosas contraórdenes que desde Olivos, el enfurecido Kirchner les cursaba a sus hombres de confianza, órdenes que estos acataban aunque no estuvieran de acuerdo, estos dos “López Regas” ( Secundados por el fiel Icazuriaga y su secuaz Larcher) pueden ayudar -y mucho- a Cristina a seguir gobernando con el mismo estilo que hasta ahora se llevaba, imponiendo al mismo algunos “retoques cosméticos” que podrán mostrar que hay algunos cambios, cambios que permitirán por un tiempo tener engañada a la gilada.

Esos personajes – o pingüinos de la primera hora- son los que conocen al dedillo el pensamiento del Lupín y los que en las largas tertulias de Olivos junto al matrimonio, aconsejaban y discutían las medidas que se tomarían día a día. Ese es el curso de acción más inteligente que la Presidenta tendría que tomar si quiere asegurar cierta gobernabilidad hasta las elecciones de octubre del año próximo.

Incluso hombres como Zannini pueden llevarle el consejo moderador que neutralice a los obsecuentes que la seguirán rodeando y festejando su aumento en imagen e intención de voto, pues este fallecimiento le traerá un notorio crecimiento en las encuestas ( se estima un 15% por lo menos) como producto del “efecto lástima” y otros componentes que nuestra mísera y corrupta sociedad le brindará Pero este efecto lástima deberá estar ya disipado en abril del año próximo, que es donde realmente comienza la carrera hacia las elecciones. Allí la verdadera realidad del país será la que volverá a reinar en las encuestas.

¿Que Scioli, los Intendentes del Conurbano u otros gobernadores “K” se le van a piantar para unirse al peronismo Federal o disidente? Puede ser, pero ello debería suceder mas allá de mayo del año próximo, si desde el gobierno central se sigue manejando La Caja como se venía haciendo hasta ahora. Sin la Tarasca que desde el gobierno central se les tira, estos gobernantes no podrán pagar ni los sueldos de sus empleados, por lo que deberán, muy a su pesar, seguir en su cínica postura genuflexa y apoyar con las alabanzas de estilo a Cristina. ¿Que Moyano se va a jugar a desbancarla y ser el candidato a presidente? Es un delirio, pues el camionero, además de gran ladrón, es bastante inteligente y sabe que ella necesita de el tanto como el necesita de ella. Su aspiración política está –y ahora más que nunca– en el bocado de la gobernación de Buenos Aires, y para ello va a trabajar, apoyando a Cristina para que ella sea la elegida en octubre del 2011.

Oíamos ayer a un periodista politólogo, que se llenaba la boca con la teoría del “gobierno de coalición”, decir que ningún político se podría negar a ello pues sería repudiado por el pueblo. ¿Pensó por un momento que los opositores que tienen alguna aspiración presidencial se van a subir al barco de Cristina, en momentos en que este hace agua por todos los costados?

Hay además flotando en el ambiente una alternativa “B” que imagina otra forma de seguir con la profundización del modelo, y es la que llamamos el abandono de los pingüinos para pasar al gobierno de los platenses. Ello vendría con la incorporación de sujetos como Carlos Bettini, nuestro actual embajador en Madrid, o de Carlos Miguel Kunkel, ambos de la más absoluta confianza de Cristina. Creemos que esto significaría un gran error de La Señora pues el deterioro del gobierno Cristinista será mucho más rápido y tal vez no lleguemos a Abril, que sería el mes en que comiencen a surgir los verdaderos “presidenciables” para marcar, desde ese punto de partida, una sucesión más tranquila y sin la hecatombe que muchos preconizan y otros muchos más desean. Quienes nos acercan esta versión dicen que buscará homogeneizar a su entorno sobre la base montoneril y para ello usan varias conjeturas, basadas obviamente en lo que todos tenemos por cierto: que ella es la que en la pareja destilaba más odio y deseos de venganza. Así hablan ahora del papel que está cumpliendo la Carlotto en el velorio de la Rosada, la exclusión del mismo del Vicepresidente Cobos y del ex presidente Duhalde y otros indicios más, muy frágiles aún para nosotros y que no sirven por el momento para avalar la teoría del giro hacia el montonerismo absoluto o “plan B”. Debe tenerse presente que si ella se muestra cambiando o profundizando la línea que hasta ahora llevó con el Lupín ello significaría escupir sobre su tumba y provocaría la inmediata desaparición del “efecto lástima” de que hablábamos, efecto que necesita como el pan, pues le daría el respiro necesario para reacomodar el despelote que será desde el lunes próximo su gobierno

La sociedad argentina está harta de venganzas, violencia y crispación, y eso la presidenta debe entenderlo. Muerto el que se consideraba como principal promotor de los enfrentamientos, Cristina Fernández –que en realidad ha sido siempre la instigadora de esa política setentista de odio y venganza-, debe reaccionar y aceptar que mas que girar el modelo hacia el montonerismo, debe hacerlo hacia lo que los López Regas Pingüinos -que de ahora en mas debería tener a su lado- le aconsejen. Podrá así llegar a diciembre del 2011 y retirarse con dignidad a cuarteles de invierno… De lo contrario, en su futuro inmediato habrá un helicóptero esperándola…

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jueves, 28 de octubre de 2010

La muerte de un canalla

La muerte de este canalla sólo ha servido como paliativo, como un pequeño descanso ante su perfidia e impía maldad. Hemos quitado un enorme peso de nuestras espaldas, pero el futuro se presenta sumamente oscuro. Dios nos ha ayudado dándonos un desahogo por el que tanto suplicamos muchos de nosotros.

Por Rolo Tomasi

La muerte de este malvado, sin dudas el más grande malvado que haya engendrado nuestro país en el siglo pasado, el que llegó a eclipsar al mismísimo demonio rojo Alfonsín, tarea ciclópea si las hay, provocó en mí un cúmulo de sensaciones y sentimientos simultáneos a medida que iban transcurriendo las horas desde el preciso momento en el que tomé conocimiento de su ansiada y largamente esperada desaparición del escenario de poder, por millones de argentinos.

Desde hace varios años vengo sosteniendo que todo el tiempo en que se demorara su expulsión, sólo serviría para hundir aún más a nuestra pobre patria en un pozo séptico del que será una verdadera epopeya sacarla. Implorábamos por verlo junto a su mujer y su gavilla de malhechores tras las rejas, penando por décadas por todas y cada una de sus tropelías.

Los hechos me han dado desgraciadamente la razón y sostengo que muchas menos hubiesen sido nuestras desventuras si este acontecimiento se hubiera presentado unos meses antes, cuando comenzaron las advertencias del cielo para hacerlo cambiar el rumbo de su disipada vida. No descansaba en su fértil imaginación diabólica en hacer el mayor daño posible a una nación severamente castigada.

Era como si estuviera enfrascado en una carrera contra el tiempo para lograr la más grande destrucción, de modo de impedir que en algún momento se pudiera iniciar la reconstrucción física, moral y espiritual de la patria y de sus hijos.

No escatimó ni un instante del escaso intervalo que Dios le había concedido en su infinita misericordia, en pergeñar las más abominables estrategias y dejarnos en un pleno estado de indefensión ante la multitud de peligros y enemigos que nos acechan por doquier.

Fueron muchas las oportunidades que tuvo para arrepentirse y torcer el rumbo a lo que sería su destino final si no lo hacía. Su impiedad pudo más que su santo temor y dilapidó los pocos instantes que le quedaban en este mundo buscando denodadamente lastimar más profundamente a su prójimo.

La primera de las sensaciones que experimenté fue la de un profundo dolor. El saber con un grado muy alto de probabilidad que esa pobre alma puede haberse condenado al infierno. Al igual que a Voltaire, quien luego de dos oportunidades renegó concientemente y ante escribano su odio visceral a Dios prefiriendo morar toda la eternidad en los abismos infernales, se le concedió cuatro advertencias que junto a su mujer obstinadamente desaprovechó. La última al extremo de echar al sacerdote que caritativamente pretendió auxiliar para que salvara su alma inmortal.

La segunda y casi inmediata a la anterior, una sensación de inmenso alivio, una gran alegría al ver en las pantallas la frase, “Murió Kirchner”. Sentí súbitamente que una enorme carga, un peso demasiado grande, finalmente había desaparecido de nuestras agobiadas espaldas, y si bien aún soportamos uno muy importante, el sólo saber que nunca más su desaliñado aspecto, su repulsivo rostro de basilisco, ya no sería parte de nuestra realidad diaria sino un horrible recuerdo, una asquerosa pesadilla que hubo de concluir.

Fueron dos sentimientos encontrados. Realmente nunca quise ni lo deseé, el que este pobre infeliz, que cayera vaya a saber cuándo en las garras de Satanás, finalmente pudiera acompañarlo eternamente. Sí pretendí que quedara inhibido, impedido, anulado completamente de poder hacer daño, pero con la suficiente lucidez que le ayudara a convertirse y poder escapar de la telaraña que el demonio tejió a su alrededor.

Sólo Dios en su infinita misericordia tiene la última palabra, que se haga su santa voluntad y ruego por que se haya finalmente salvado, pero estoy gratamente feliz de no verlo ni oírlo nunca más. Ha muerto una abominación y nos ha dejado el campo minado, terrible será nuestro futuro sobre todo porque aún seguimos en manos de su mujer, una descerebrada que posee media neurona, la que sólo sirve para alimentar su vanidad y su soberbia.

Lentamente y a medida que transcurrían los minutos en donde falté a mi promesa de jamás ver la televisión abierta de nuestro país, y mucho menos esos esperpentos llamados noticieros, comencé a sentir una nueva sensación, la de un asco incontrolado al ver cómo los hipócritas que pululan por doquier trataban obscenamente por ser los más dolidos por la muerte del engendro.

Comprobé por enésima vez cuan repugnante es nuestra clase dirigente, viendo a sus lamebotas indignos arrastrarse por el fango para mostrar su lealtad o a los miserables que se autoproclaman opositores, tratar de expresar con palabras que ni por casualidad encontraban, pronunciar toda suerte de patéticos sonidos guturales que elogiaran al genio desaparecido.

Toda una sinfonía grotesca de mafiosos que buscaban con frenesí aparecer como los más amadores del canalla o como los más dignos rivales del adversario caído. Así fue durante toda la jornada con actorzuelos de poca monta, pseudo intelectuales surgidos de la letrina kirchnerista, con decrépitas con la cabeza cubierta con pañuelos, en donde relajados bufones conocidos vulgarmente como trabajadores de la prensa repitieron sin solución de continuidad miles de expresiones alabanciosas al malvado.

En medio del fragor en el que toda esa caterva de advenedizos pugnaba por tener cámaras, pantallazos de la otrora Plaza testigo de eventos decisivos de la historia, nos mostraban cómo lentamente se acercaban aislados transeúntes que plasmaban todo su desasosiego, su tristeza y su convencido sentimiento de pesar. Ante esas imágenes fui preso de otra sensación, la de una pena muy profunda por cómo se ha idiotizado, estupidizado a nuestro pobre pueblo.

En una sostenida campaña de décadas en donde se ha ido desbaratando y anulando el ser nacional, se ha logrado lavarle la mente a nuestro pueblo más sensible. Se lo llevó a los límites de la ignorancia, se lo manipuló con infinidad de estímulos que le hicieron perder la noción más básica de su misión trascendente, lo convencieron de que lo malo es bueno y lo bueno es malo, desataron sus bajas pasiones y le alimentaron sus vicios para que como autómatas respondieran, ante la más insignificante señal, a sus objetivos perversos.

Fueron permeables al odio que había quedado en el olvido y reabriendo las viejas heridas cerradas, se sometieron sin resistirse a la maldad de aquellos que habiendo sido derrotados por las reservas morales de la nación, volvieron como rapiñas a vengarse por el polvo que debieron comer en su caída.

El que ingenuamente fuera tratando de encontrar una señal que fuera objetiva y despojada al menos con elegancia de su sucia actitud relajada de chupamedias, experimenté otra terrible sensación de rechazo y bronca ante esta parodia de prensa independiente que no es más que un hato de sanguijuelas. Nada podemos pretender de canales oficiales como C5N, 26, la Televisión Pública, o Encuentro, pero soportar a TN y los canales adheridos, la mentira de su falso enfrentamiento con el gobierno, es una verdadera burla a nuestra inteligencia. Nunca más falaz el pretender convencernos que Clarín o Nación son enemigos, cuando son socios del delito, simples cachafaces que buscan un objetivo común por métodos a veces disímiles.

No existe un solo diario o pasquín que no se rebajó como la más baja de las cortesanas a volcar toda una gama inacabable de loas, alabanzas y vítores al tirano caído. Fue una verdadera orgía de imágenes en donde cada canal o medio escrito se desvivía por ser más elocuente en su desesperación por elogiar al “genio”, al “estadista”, al más grande desde Perón. Un verdadero bacanal de fanáticos que competían por ser los más kirchneristas.

Y la última de las sensaciones, la que me acompaña desde hace muchos años, es la de una congoja inmensa por el futuro de nuestra querida patria en manos de estos palurdos. Sin reservas morales y espirituales, sin una conducción lúcida y nacional, sin FFAA, con una juventud modelo de banalidad e irresponsabilidad, viciada por el hedonismo, que sólo le importa lograr todo en poco tiempo, sin compromiso alguno con la esencia y fundamentos de nuestra estirpe y nuestras raíces hispano católicas, con una dirigencia gremial mafiosa que ha desbaratado todo lo bueno que alguna vez generó, cuando fue fiel a sus principios y se constituyó en el único movimiento obrero organizado del mundo que no era marxista, con cárteles de la droga que están diezmando en el vicio y la dependencia a nuestras futuras generaciones, con una guerrilla en ciernes que se viene preparando con instructores chavistas para dar el golpe en el momento más propicio, con potencias extranjeras que se relamen por adueñarse de nuestro territorio vilmente entregado por los cipayos traidores, con pastores que han claudicado en su misión santa de guiar a las ovejas al redil de la salvación y nos han abandonado a los lobos rapaces que lentamente van desmembrando el cuerpo místico de Cristo.

La muerte de este canalla sólo ha servido como paliativo, como un pequeño descanso ante su perfidia e impía maldad. Hemos quitado un enorme peso de nuestras espaldas, pero el futuro se presenta sumamente oscuro. Dios nos ha ayudado dándonos un desahogo por el que tanto suplicamos muchos de nosotros.

La gran incógnita es ¿Qué haremos ahora nosotros para ayudar a Dios a salvar nuestra Patria?

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sábado, 23 de octubre de 2010

17 de octubre: Pasado, presente y futuro de la lealtad a Perón

Con la esperanza puesta en un nuevo renacimiento argentino.


Un envío de Arnaldo Salvini


SONETO AL 17 DE OCTUBRE

Era el pueblo de Mayo quien sufría
no ya el rigor de un odio forastero,
sino la vergonzosa tiranía
del olvido, la incuria y el dinero.
El mismo pueblo que ganara un día
su libertad al filo del acero
tanteaba el porvenir; en su agonía
le hablaba sólo el Río y el Pampero.
De pronto alzó la frente y se hizo rayo
(¡Era en octubre y parecía Mayo!)
y conquistó sus nuevas primaveras.
El mismo pueblo fue y otra victoria y, como ayer, enamoró a la Gloria.
¡Y Juan y Eva Perón fueron bandera!

Leopoldo Marechal

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17 DE OCTUBRE: PASADO, PRESENTE Y FUTURO
En la misma ciudad que hace cincuenta y siete años protagonizó el 17 de Octubre, un ejército de cartoneros noche a noche hurga en bolsas buscando su cena, convirtiendo a la calle en un fast food de la indigencia.

Según las cifras oficiales, los desocupados y subocupados ya son seis millones, la misma cifra de judíos asesinados por los nazis. Una nueva variante de genocidio silencioso ejecutado con formas democráticas.

Claro, aquí no hay cámaras de gas ni se toman el trabajo de eliminarlos, por lo que ni siquiera se puede hablar de “la solución final”. Simplemente se los condena a la desocupación eterna, a la degradación, a la humillación.

Los burgueses hastiados, los que viven agachados, los que tienen algo que perder, los que aceptan la injusticia ajena como una fatalidad donada por el destino en el altar de las propias comodidades y beneficios, los analfabetos ilustrados de nuestra época, los anormales y los demasiado normales, todas estas categorías fluctuantes e inseguras que constituyen el jardín zoológico de la clientela política contemporánea, no se han enterado de lo que verdaderamente sucede en la Argentina.

Todos estos cerebros sin neuronas se tapan los oídos con unos celulares que enarbolan con orgullo. O encuentran la falsa contrapartida que justifique el costo de vidas inmoladas en su presunta “vida protegida”. Hasta el ciudadano común mira a esta Armada Brancaleone del hambre con una mezcla de incredulidad y culpa.
Estas personas que se alimentan de la basura, que viven de los residuos, que vuelven útil y apetecible lo que en el séptimo B era inútil y desechable, no son una fuerza exterior invasora, sino una de las expresiones más rotundas y expresivas de la crisis argentina. Son los excluidos del mercado, las estadísticas de pobreza y marginación hechas personas de carne y hueso, con sueños y pasado, con pelos y señales. Esta patética fotografía tiene millones de protagonistas que no estuvieron ni están invitados a la fiesta de banqueros, privatizadas y acreedores. Haber insertado escenas africanas en el otrora país más desarrollado de América Latina ha demandado un cuarto de siglo. Pero cuidado porque parece que no ha sido suficiente. Y vienen por otros veinticinco años.

Aún en esta Argentina disminuida, tener desnutrición y anemia, chicos con panzas hinchadas por la consuetudinaria falta de ingestión de comida en el primer país productor de alimentos por habitante no es una hazaña menor. Aún esta Argentina disminuida es el quinto productor mundial de trigo y de harina de trigo, primer productor y exportador de aceite de girasol, primer exportador de aceite y harina de soja, primer exportador mundial de peras, primer productor de limones, segundo exportador mundial de maíz y primero de miel, tercer productor de jugos concentrados de pomelo y manzana, cuarto exportador de carne bovina, segundo exportador de sorgo granífero, cuarto productor de vinos, tercer productor de miel.

En fin, lo cierto es que Argentina transformó un sueño mayoritario en una pesadilla alucinada. Gobiernos genocidas y una democracia vacía han reducido al nuestro en un país irreconocible, un verdadero modelo de rapiña, saqueo y concentración desusada.

Todos los protagonistas nacionales parecen pequeñas figuras de reparto ante la potencia del libreto que bosqueja la crisis, que diseña la usura apátrida y que supervisa el Fondo Monetario Internacional. La diferencia de peso y envergadura de los contendientes y la magnitud del escenario convierte a los protagonistas locales en liliputienses personajes que se achican indefinidamente.

Y son tan imbéciles que no distinguen el discurso externo del interno del Imperio. Ninguno de estos enanitos aprendices de Gunga Din -el perfecto cipayo- dicen que en sus admiradísimos Estados Unidos, en los últimos dieciocho meses la emisión realizada equivale al cincuenta por ciento de la masa monetaria total, que el déficit del Presupuesto nacional es de ciento sesenta y cinco mil millones de dólares –mucho más que toda la deuda pública argentina- que el correo estatal tiene un déficit de mil setecientos millones pero que no hay propuestas privatizadoras, que los ferrocarriles estatales arrojan un déficit de más de mil millones de dólares pero que los legisladores provenientes de las regiones de los ramales que dan pérdida defienden el carácter social de los mismos, que se protege desmesuradamente todo aquello que los de afuera producen a menor costo y que los escandalosos subsidios agrícolas se incrementaron para el próximo lustro.

No. Haciendo referencia a estos babosos chupamedias de todos los tiempos y lugares, Pedro Albizú Campos, el patriota portorriqueño que luchó contra la idea del Estado asociado que aquí proponen algunos, sostenía con precisión: “Aquel que no está orgulloso de su origen no valdrá nunca nada, porque empieza por despreciarse a sí mismo”.

Como Julio César, en la Argentina hemos pasado el Rubicón. Sólo que en nuestro caso es el de la degradación y de la decadencia. Nunca hay un piso en la caída histórica.

Hay quienes ante este festín macabro de la decadencia sólo atinan a disputar los desabridos restos del banquete sucio de una noche crapulosa en medio de la atmósfera turbia y estéril del fin de fiesta de un régimen en agonía terminal.

Este régimen oprobioso, esta no-sociedad, está destinado a hundirse irremediablemente, y por todas las grietas y rendijas del disgregado entorno está filtrándose ya el soplo de tal hundimiento. El que el proceso de hundimiento se efectúe de a poco y sin ruido o el que se produzca a la manera de una catástrofe es una diferencia que afecta a la forma, no a la sustancia.

Debemos curarnos de la misteriosa enfermedad de los ojos que nos empaña la visión y el horizonte, y con unos ojos nuevos, ver las mismas cosas de siempre pero bajo una luz nueva. Debemos reconocer que esa enfermedad de los ojos es en realidad la misma enfermedad de la sociedad argentina, una enfermedad del alma que consiste en la pérdida del sentido de la vida. Con esa nueva luz y los ojos curados podremos apreciar distinto las mismas cosas de siempre, encontrándoles un sentido nuevo.

Así fue con la Redención del 45.

El 17 de Octubre de 1945, el General Perón no sólo pudo captar los acontecimientos en su forma plural y antitética, sino también saludarlos, no obstante su peligrosidad, descubriendo la fuente ígnea de un sentimiento vital nuevo. Vislumbró bajo el caos de la situación esencial la anatomía secreta del instante, el perfil de la realidad sustantiva en un momento de confusión pavorosa.
Hoy, igual que en la Década Infame, Argentina necesita una revolución. Digamos que, más que una revolución, lo que los argentinos en realidad necesitamos es una “devolución”: una devolución de nuestro patrimonio, de nuestra riqueza, de nuestra justicia, de nuestra esperanza, de nuestro presente y también de nuestro futuro.

Igual que en la Década Infame, los argentinos necesitamos la devolución de todo cuanto nos han quitado.

Con unos nuevos ojos, podremos ver que la marcha de los argentinos, y también de toda la humanidad, nos está haciendo atravesar unas zonas en que la patria, los valores y la noción de la grandeza están en penumbra, y las ruinas de la sociedad burguesa aparecen dotadas de más significado que el albergue fugaz que se abandona cada mañana.

Los valores y creencias, y también la grandeza, están recluidos en la estricta intimidad de cada uno y se borran todas las expresiones públicas en que éstos se manifiestan, creando un cuerpo histórico. Brota entonces una sociedad sin alma y sin normas, con miembros fragmentados en islas sin un agua común que las religue y fecunde sus raíces.

Se cae así en el servilismo alienador o en el maquiavelismo inmisericorde, impera el trabajo sin alegría, el placer sin risa, la virtud sin gracia, la niñez sin privilegio, la juventud sin mística, el amor sin misterio, el arte sin irradiación.
Todos andamos como hombres aturdidos que no saben lo que pasa en la ciudad, o como ovejas sin pastor que no saben dónde están los pastos que de veras apacientan; las generaciones vivientes se hablan en lenguas extrañas y se miran con ojos extraños; los adultos creemos tener que aprender fuera lo que bien sabíamos en nuestro fuero interior pero lo hemos olvidado y ahora deformamos; las conciencias parecen oscurecerse volcadas exclusivamente a un plato de lentejas.

Todo es cultura sin culto, obras sin fe, medios sin fin, acción sin contemplación, es decir, cuerpo sin alma.

Cada día se nos quiebran las evidencias que tras larga búsqueda habíamos acumulado y necesitamos salir de nuevo como don Quijote a la conquista de nuestra humanidad verdadera, si no queremos quedar anegados en el aturdimiento, la insensatez o la desesperación de nuestra aldea. Proliferan los psicoterapeutas, los gurúes y los políticos frívolos; las gentes vagan desorientadas en medio de terapias en competencia, se sumen en cualquier aquelarre, o alternativamente, se refugian en un aislamiento patológico, convencidas de que la realidad es absurda, demente o insensata.

Y sobre el trasfondo de conmoción profunda de las conciencias, se levantan en oleaje, a veces calmo y a veces violento, las cuestiones primordiales de la existencia humana, la relación entre los valores últimos y las tareas inmediatas de cada día, entre el pensamiento y la acción, entre persona y comunidad, entre mística y política.

Corre el “runrún” de que ya no rigen los mandamientos de la ley de Dios, ni los del hombre civilizado, ni las lecciones de la historia, que ningún imperativo mantiene vigencia, que las gentes ya no deben estar metidas en su destino y en su quicio, sino en su mera extravagancia; que suele ser vagancia, vida vacía, desolación.
Ahora bien, hay instantes en la vida de los pueblos, como en la de las personas, en que logran levantarse por encima de sí mismos, instantes absolutos, casi divinos, instantes de éxtasis, cuando la esperanza se actualiza y se desata. No a todas las personas les es dado vivir uno de ellos, de la misma forma que en la vida de los pueblos tampoco le es dado a todas las generaciones vivirlos. Los pueblos son la realidad humana anónima que en general padecen, más que hacen la historia, pero que intervienen radicalmente en esos momentos extraordinarios —durante esa especie de éxtasis histórico—, que luego resultan ser, ¡Oh paradoja!, los momentos más “históricos”. Sin duda, el 17 de Octubre de 1945 fue uno de esos “momentos históricos”.

Pero en el mientras tanto en los pueblos hay una especie de padecer el tiempo que pasa lentamente, pudiendo incluso soportar el no existir, recogidos en sí mismos.

En la intimidad de sus entrañas prosigue su vida con el ritmo del corazón que no cesa, ni aun en sueños. Y como en sueños, trabaja, padece como envuelto en sí mismo, llevado en una órbita, en un dormir-velar entre la esperanza y la resignación. Pues sólo los individuos aislados, las clases privilegiadas o las minorías selectas se libran a la esperanza extrema —lo que les lleva a la desesperación cuando aquélla queda abolida— o se hunden en la resignación extrema, que es el anonadamiento. Y en él mientras tanto son esclavos de la angustia. Por el contrario los pueblos viven en una mezcla, en un ritmo, en una especie de vaivén entre esperanza y desesperación que raramente llega al extremo.

La esperanza de los pueblos es también hambre de siglos y hambre de todo, de pan —en casi todos los pueblos del planeta— pero también de vivir en forma más activa, plena y personal; hambre de toda clase de bienes. Y el hambre y la esperanza son los motores más activos de la vida humana.

Sin embargo, las multitudes, si son empujadas al punto máximo de la desesperación por la miseria y el hambre, dejan de percibir la Providencia y pueden ser arrastradas a las peores negaciones y anarquías. Por eso enseña el Evangelio (Mt 24, 12): “...Y por la extensión de la iniquidad, desaparecerá la caridad de muchos”.

Pero cada tanto, llegando de remotas lejanías, el sonido de aquellos tiempos de éxtasis histórico parece penetrar de algún modo misterioso en el silencio que rodea sus derribados símbolos, de la misma manera en que el rumor del mar se conserva en los caracoles arrojados por las olas a las playas. Y entonces esos momentos vuelven a manifestarse en plenitud.

Digamos también que para los que hemos sido las víctimas y no los beneficiarios de este régimen que se acaba, se abre una perspectiva particularmente grave pero esperanzadora.

Como decíamos, en realidad, la diferencia entre el ocaso y la aurora es únicamente una diferencia de perspectiva: todo ha estado ahí desde siempre y todo es nuevo desde una manera decisiva, pero es menester disponer de unos ojos nuevos.

¿Quién será capaz de vivir los dolores de la agonía como dolores de parto?
El primer presupuesto de cualquier construcción orgánica popular, el primer presupuesto de cualquier intento de refundación del movimiento nacional es que terminen de ser consumidos por el fuego los conceptos, las reglas de juego, el orden, las instituciones de este injusto mundo burgués agónico. Otros períodos similares de la historia argentina, como la Década Infame que pintó Berni, anidaban las vísperas de sus horas más gloriosas. Saludemos entonces también nosotros esta muerte, aunque reconociendo los peligros.

Hay un pasado duro en morir, cuya agonía de gigante otorga a nuestro tiempo la dramática fisonomía de un ocaso decadente. Un cielo de tormenta se extiende sobre nosotros, invisible para los que viven mirando concienzudamente la punta de sus zapatos; visible, en cambio, para todos aquellos que saben mirar hacia lo alto.

Pero es un cielo de tormenta que encierra un enigma, porque detrás de los truenos agónicos de todo un sistema, ya se puede escuchar el soplo jadeante del esfuerzo para hacer sobrevivir los valores elementales de la condición humana.

Por detrás de la tormenta está la claridad.

Se está esbozando una nueva categoría de hombre argentino.

Está gestándose, todavía misteriosamente, una nueva expresión del movimiento nacional. No tiene nombre aún, pero no es difícil descubrir su figura, su vago perfil proyectado sobre el cielo de este crepúsculo dramático.

Desde las profundidades del ser argentino brotarán y se alzarán, cada vez más claras y mejor definidas, las antiguas defensas, los mitos originarios, los secretos ancestrales que han hecho posible la vida y la evolución de nuestro pueblo. Es menester hincar muy hondo las raíces, perforando un suelo reseco, para alcanzar los manantiales donde se halla emplazado ese núcleo, el más íntimo de todos, que determina el sentido, la riqueza, el poder y la plenitud de la vida de un pueblo.

Decía un viejo General que así como no nace el hombre que escape a su destino, tampoco debería nacer quien no tenga una causa noble por la cual luchar, justificando así su paso por la vida. Por entre la maraña de los porcentajes de encuestas electorales y del oportunismo tan idolatrado por la politiquería reinante, ¿sabremos ver ahora la oportunidad verdadera ante la que nos puso la Providencia?
También digamos que en una trama con sectores populares movilizados, con la inseguridad acumulando cansancio para reclamar orden, con los representantes políticos desautorizados y repudiados, con los partidos vaciados, con la pobreza invadiendo todo, cualquier cosa puede suceder. Cualquier cosa. Desde la fragmentación territorial y la disgregación nacional hasta el surgimiento social y político de algo nuevo, el futuro tiene muchas puertas y escasas certezas.

Tal vez los argentinos que tomamos conciencia de haber compartido las migajas de la fiesta de entrega y enajenación del futuro mientras millones eran lanzados al infierno de la miseria, descubramos ahora que cuando la fiesta terminó hay que pagar los platos rotos, y que ese precio no lo pagan los que se enriquecieron, sino por el contrario lo pagamos todos con más miseria, exclusión, inseguridad, pérdida de la dignidad... Tal vez ante lo inexorable de tamaña perversión nos rebelemos, digamos basta y terminemos con el síndrome del rehén para poner las cosas en su lugar.

Una misión a la que deberemos acudir ligeros de equipaje.

Quien no tiene un yo que vencer y sacrificar no debiera hablar de fidelidad a un jefe y a una causa: no hace sino correr detrás de alguien sobre el que ha echado la responsabilidad. En todo caso, lo difícil de la hora alejará a los timoratos, asustará a los especuladores y anulará a los incapaces. La jornada que se inicia nos pone ante la decisión del primer día, nos remite a la antigua fe, a la misma entrega, a la mística que nunca debimos olvidar. Llegó la hora que no tiene lugar para almas delicadas ni para espíritus endebles.

En un país despoblado y generoso donde está casi todo por hacerse, millones de hombres y mujeres dispuestos y decididos, en cuyo seno están libres por doquier las fuerzas de la fe y de la voluntad: ¿podremos ver en ellos, como lo hizo Perón en 1945, a “lo mejor que tenemos”, una riqueza inconmensurable, un enorme capital, un gran ejército de reserva?

Este tiempo de miércoles de ceniza, luego de que caiga del cielo la tormenta de la pasión, desembocará en una resurrección del movimiento nacional de siempre, bajo misteriosas formas nuevas y originales.

Y viviremos entonces un nuevo 17 de Octubre.

Que así sea.

Al margen de lo dicho, el 17 de octubre sigue operando como aquel un faro

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EL INSTINTO DE LAS MULTITUDES.....

“...Aquellas multitudes que salvaron a Perón del cautiverio…, eran las mismas multitudes que asistieron recogidas por el dolor al entierro de Hipólito Irigoyen…
Son las mismas multitudes argentinas armadas de un poderoso instinto de orientación político e histórico que desde 1810 obran inspiradas por los más nobles ideales cuando confían en el conductor que las guía…
Escuche las conversaciones de varios criollos y las arengas de oradores improvisados. No encontré a nadie que se acordara de sus problemas personales. Eran hombres sin necesidades: inmunes al cansancio, al hambre y a la sed… Él [Perón] intérprete fiel y libre de ataduras y compromisos…
Estaban dispuestos a luchar por él y por los ideales propios que él simbolizaba y resumía… Por allí, alguien, un sencillo magnífico, gritó con voz estentórea: -
¡Aquí comienza la rebelión de los pueblos oprimidos!
Yo regué con una lágrima viril esas palabras para que no se marchitaran nunca.”

RAÚL SCALABRINI ORTIZ

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LA DEMOCRACIA DE MASAS
Por José Antonio Riesco

La conmemoración del 17 de octubre de 1945 se realizó obviando algunas de sus incógnitas principales, acaso apañando el hecho decisivo de que poco y nada queda de aquella fibra revolucionaria (o al menos transformadora) con que sus actores lo plantaron.
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No hay dudas de que el Peronismo, y su condición de opción mayoritaria cada vez que, unificado, participa de las pruebas electorales, es una realidad pese al paso del tiempo. Como también lo es que, de modo manifiesto, se reconvirtió en una fuerza conservadora que, luego de ejercer reiteradamente el gobierno, deja todo (lo fundamental de la estructura nacional) como estaba. Y a eso aún no pudo disimularlo el verbalismo proto izquierdista de algunas infiltraciones, ni los afanes presidencialistas del estanciero que preside la CGT. Pese a lo cual nada debe descartarse, por aquello de que donde hubo fuego cenizas quedan.

Al margen de lo dicho, el 17 de octubre sigue operando como aquel un faro que, casi a la mitad del siglo XX, encandiló con nueva luz el panorama de la vida social y política de la Argentina. Para bien o para mal, desde esa fecha, por lo menos, la vieja y anémica democracia republicana, inaugurada por los constituyentes de 1853, que nunca pudo funcionar sino a medias, tuvo su reemplazo por una democracia de masas sobre cuyas formas y contenidos aún seguimos reflexionando y polemizando. La república del comité y del fraude cerró su ciclo cuando el proceso de industrialización, acelerado desde la década del 30, y una intensa concentración urbana, dejando atrás las virtudes y los vicios de “los doctores”, colocó en el escenario argentino a millones de hombres y mujeres de las bases sociales y de la clase media, ante todo.

Los “partidos de masas” fue una de las categorías que, por entonces, Maurice Duverger puso en la vidriera de la Sociología Política. Su obra “Los partidos políticos” se editó en 1950. Y si bien Angelo Panebianco (“Partidos Políticos”, 2004) estima que dichas formaciones han sido sustituidas por las agrupaciones “profesionales” bajo control de una élite técnico-financiera, las masas siguen vigentes aunque la mayor parte de las veces adhieran mediante los modernos instrumentos informáticos, ante todo el televisor. Hoy nadie logra democráticamente el gobierno sin que se exprese dicha “voluntad soberana”.
Para asombro de la mentalidad tradicional, al nuevo liderazgo “peronista”, altamente popular y transformador, lo asumió, no un caudillo con ideologías extremistas y foráneas, sino un coronel del ejército de Roca, Ricchieri, Justo, Rodríguez y Molina, hábilmente montado en lo que fue, en esos días, la mejor tribuna para una convocatoria exitosa: la secretaría de trabajo y previsión. A la justicia social agregó un notorio afán industrialista y un claro rechazo al control del país por los intereses extranjeros, con un ambicioso plan de obras públicas y promoción de la educación, sobre todo la técnica. Sin olvidar que esa fue una revolución “nacional” y no una importada.

Lo enfrentó la “clase política” autodefinida democrática, con oradores brillantes, de trayectoria honorable y notoria valentía personal; pero voceros legítimos de un sistema históricamente agotado. Alfredo Palacios, Amadeo Sabatini, Ernesto Sanmartino, Miguel Ángel Zavala Ortiz, Nicolás Repetto, José Aguirre Cámara, Arturo Frondizi, y muchos otros. Se congregaron en la Unión Democrática, con el apoyo directo y militante de la Federación Universitaria y el embajador Spuille Braden. Perdieron frente a Perón aunque con buenas cifras propias, algo que no se repitió en lo sucesivo.

Con semejante emergencia de la democracia de masas, sin la pulcritud del laborismo inglés pero sí arraigada en las mayorías y sin renegar de la trayectoria en muchos respectos de la Argentina, Perón no tuvo éxito en la recepción que le prodigaron sus competidores. Es que fue, de modo incuestionable, una “democracia autoritaria”, esa fórmula que en otro ámbito político-cultural en 1932 había acuñado el alemán Hermann Heller, eminente teórico del Estado. Pero la suya nunca fue una autocracia demagógica como la que hoy soportamos.

La oposición se llenó de estupor ante el nuevo régimen. No lo entendió en lo fundamental y acaso por ello no pudo soportarlo ni siquiera en sus aciertos. “¡Esto es un fascismo...!” sentenció Victorio Codovilla, hombre de Moscú y gran arzobispo del Partido Comunista. Y a esa revelación casi mística se aferraron golosamente las inteligencias de la vieja partidocracia. A lo más lanzaron eso del “aluvión zoológico”.

No fue simplemente un error, sino que así, automáticamente, se legitimó el juego permanente de las conspiraciones. Y con ello se abrió una dialéctica altamente costosa entre ambos bandos, algo que hemos pagado largamente y muy caro.

Todo lo que se hizo posteriormente, una vez expulsado Perón del poder, tiene esa marca, la de un desencuentro infantil con la realidad y sus nuevas tendencias de parte de los opositores. Abrazados al dictum del jerarca moscovita lo hicieron estrategia de poder luego de 1955 y concentraron el pos-peronismo en las proscripciones e incluso los fusilamientos, y cuyo efecto en el largo plazo ha sido la consolidación no de lo mejor de ese “movimiento” sino lo más criticable. Los democráticos sólo atinaron al desquite y al castigo, también a la compra-venta; y el pato de la boda fue derecho a la cuenta del país.

La audaz apertura de los “regímenes de participación social y política” que desde el 17 de octubre se puso en marcha constituye una diferencia esencial con el fascismo; éste había sido un freno y no la promoción de un cambio estructural. ¿De dónde el fascismo hizo de los trabajadores una fuerza fundamental en el sistema político? ¿Cómo llamarle fascismo a la ley 13.010/47 que incorporó a la mujer al cuerpo electoral en igualdad de derechos? Elementos estos que no pueden borrar los errores de los “democráticos” ni tampoco los del peronismo que los tuvo.

Con el bombo propio de la autocracia demagógica en la cancha de River se acaba de enarbolar la bandera de La Lealtad. Pero si eso no implica mera sumisión al reparto de dinero del Estado y sobre todo de los jubilados, la sociedad en su conjunto está esperando, desde hace años, que el peronismo sea auténticamente leal al espíritu del 17 de octubre.

Es decir, que se decida a realizar una enérgica autocrítica y a promover una dirigencia que, además de conquistar cargos públicos, se decida a reconvertir la mera masificación en una verdadera formación de avanzada en la institucionalización y en la construcción del país que necesitamos. Ser la mayoría es un compromiso con la Nación y no un privilegio espurio. De otro modo a la aspiración presidencial de Moyano nadie podrá objetarla.

José Antonio Riesco
Instituto de Teoría del Estado

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17 DE OCTUBRE: LA LEALTAD PERONISTA Y SU LÍDER
Un nuevo día peronista. Un nuevo 17 de octubre. Un nuevo día de la Lealtad Popular. Un 17 de octubre, en un día como hoy -pero de 1945-, el Pueblo se volcó a las calles para exigir la libertad de su Líder, el entonces Coronel Juan Domingo Perón quien, desde su puesto en la Secretaria de Trabajo en 1943, hacía renacer la esperanza de la clase trabajadora argentina.
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Evita, la Leal Compañera, fue determinante para que el reclamo se hiciera efectivo, y para que el Líder diera inicio a ese extendido abrazo con sus “cabecitas negras”.
Se trató de la mayor demostración de lealtad de parte de todo un pueblo hacia un hombre, a quien luego elegiría como Presidente de la Nación. Para transformarse, finalmente, en el más Grande Presidente de la historia argentina.
La Lealtad había sido el arma poderosa. Utilizada por los descamisados para dar vuelta la página de historia y así hacer transitar a los argentinos por el renovado sendero de los esplendorosos triunfos populares.
Esos tiempos fueron testigo del nacimiento de los derechos de los trabajadores, de los derechos de la ancianidad, de los derechos de los niños, del derecho de la mujer al voto. Atestiguaron la gran obra pública, la ejemplar política de salud, de vivienda, de turismo. Fueron épocas de una política internacional ejecutada con seriedad, de un enaltecido desarrollo científico-tecnológico, del crecimiento del transporte público, del establecimiento de los ferrocarriles, etc. Estos son tan sólo algunos de los ejemplos que hoy tenemos a disposición y que podemos recordar.
Ellos dieron origen a la Argentina del respeto, tanto en el plano local como en el internacional.
La Lealtad de un pueblo, junto con la Conducción del General Perón y su inseparable Evita, forjaron una Nación distinta, sobre la base de la indisolubilidad entre la Lealtad y su Líder.
Estuvimos entre las naciones más encumbradas del mundo, convirtiéndonos en un ejemplo a imitar por Latinoamérica.
A mediados del siglo anterior -en 1950- y alejados de la rimbombancia del “bicentenario”, los argentinos supimos fabricar aeronaves supersónicas.
Desarrollábamos portentosas naves de ultramar. Y alimentábamos todo tipo de industrias vinculadas al desarrollo estratégico, característico de una Nación poderosa. Aún más: habíamos desarrollado y dominado la tecnología del agua pesada (químicamente denominada tritio), elemento esencial para la energía atómica y sus más variados usos. Ya sea que se destinaran para fines pacíficos o bélicos. Es decir que, hace sesenta años, la Argentina se hallaba en condiciones de proponérselo. Podía continuar sin límites su desarrollo en el avance nuclear y el poder que este adelanto significaba.
Pasaron los años. Y -junto con los años- la historia.
Evita fue lapidada. El General -a los efectos de evitar derramamiento de sangre entre argentinos- debió exiliarse.
Su inmensa e incuestionable humanidad fue difamada.
Su honra, arrojada a los perros durante interminables años.
Su investidura de Soldado de la Patria, ultrajada.
Su nombre y “derivados” fueron prohibidos y proscriptos.
Pero sólo el tiempo -juez supremo e inapelable- hizo que la inmensa mayoría de los argentinos comprendieran la necesidad de su presencia en el país.
Volvió, pues, para exhalar sus últimas bocanadas de aire. Para morir por su Patria.
No sin antes poner las cosas “en caja”.
Algunos se enojaron. Nació, entonces, la deslealtad.
Otros se olvidaron. Creció esa deslealtad.
Muchos otros se equivocaron. Murió la Militancia.
Otros tantos se abusaron. Nació la “maletancia”.
Los que quedaron, se aprovecharon. Se difundió la “maletancia”.
El Peronismo es un sentimiento. Y los sentimientos no mueren, aún cuando se los quiera matar.
La Militancia se encuentra subyacente en el espíritu de cada uno de nosotros. Jamás permitamos que muera.
La gran enemiga de la Militancia es la “maletancia”.
La Militancia está llamada a perdurar ante el desafío de los tiempos, pues es puro sentimiento.
La “maletancia” se agota y languidece en el precio de los hombres.
Los Peronistas de Evita y Perón no tenemos precio: ¡no existe “maletero” que nos pueda pagar!
¡Compañeros: hagamos reverdecer un Peronismo que languidece!
Hoy, 17 de octubre, Día de la Lealtad Popular, es el día indicado para que, no lejos, recuperemos la Lealtad y a su Líder.
La Patria, el Movimiento y los Hombres nos lo agradecerán.

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Alberto Lestelle
Diputado Nacional (MC) - Ex Secretario Político PJ Pcia. Bs. As. - Ex Consejero Nacional PJ
Ex Congresal Provincial PJ Bs. As. - Ex Congresal Nacional PJ - Ex Presidente PJ Olavarría
Ex Secretario de Estado de la Nación

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lunes, 4 de octubre de 2010

Mientras Hebe despotrica, relevan a profesor del Normal 3 de La Plata por "reivindicar a la dictadura"


Mientras doña Hebe insulta y amenaza frente a los Tribunales, un profesor de Historia del ex Normal 3 de La Plata es relevado de su cargo por la dirección de Educación bonaerense por enseñar a sus alumnos la historia que no está permitida contar. ¿Libertad de expresión solo para Bonafini?

La denuncia formal fue radicada hace veinte días en la Jefatura Regional. “Nos preocupó muchísimo el tema, por lo cual de inmediato iniciamos las actuaciones específicas para conocer lo sucedido”, explicó la directora de Educación Secundaria de la Provincia, Claudia Bracchi.

La funcionaria explicó que se siguió el procedimiento que contempla para estos casos el estatuto del docente.

En tal sentido detalló que “primero se establece que un inspector a cargo lleve adelante una investigación simple, que consiste en recabar testimonios para saber lo que ocurrió”.

Al cabo de esa instancia, el inspector decide si existen elementos para pasar a una fase más profunda de investigación.

Bracchi confirmó que “la investigación simple concluyó y el funcionario consideró que existen motivos para iniciar el presumario. Para llevarlo adelante, antes se releva al docente de su cargo”.

La investigación presumariante la realiza otro funcionario -abogado de profesión-, "demanda bastante tiempo e implica un estudio en profundidad sobre los hechos denunciados".

“Se toman testimonios a alumnos, padres, demás miembros de la comunidad escolar y al propio docente”, describió la directora provincial.

“Estamos construyendo la nueva escuela secundaria en base a la formación democrática de los jóvenes para fortalecer el sistema. Mantenemos una política que impulsa la participación, los valores democráticos, la construcción de ciudadanía”, enumeró Claudia Bracchi, para enfatizar que “temas como éste nos preocupan profundamente; son cuestiones que deben atenderse y seguirse con detenimiento”.

¿Qué dijo el docente?

Un profesor de historia -cuyo nombre no fue revelado- integrante del plantel de docentes de la Escuela Media Nº 34 (ex Normal 3) habría realizado en el aula, según denunció un grupo de padres, “manifestaciones en favor de la última dictadura militar”.

Según contaron Daniel Petriz y María Laura Eduardo, dos de los padres denunciantes, la historia se remonta a la semana del 24 de marzo, cuando en el establecimiento no se realizó el acto conmemorativo dispuesto por ley.

“Queremos denunciar y exigir que se hagan responsables de los hechos ocurridos en la escuela media Nº34 (ex Normal 3) de la Plata”, dice la nota firmada a la que se sumaron organizaciones de derechos humanos, fuerzas políticas y centros de estudiantes de distintos colegios y facultades.

La denuncia se hace eco de lo que algunos alumnos dicen haber escuchado en el aula. Esas frases están anexadas a la presentación con formato de textuales. Algunas de ellas, incluso, se desprenden de una grabación en una clase.

Algunas de las frases que los adolescentes atribuyen a su profesor de historia son las siguientes:

“Fue una guerra entre dos bandos culpables por igual, 50 y 50%. Se debería juzgar a los montoneros igual que a los militares. Hay uno en España que no es juzgado, aunque él mismo dice haberle disparado a un militar”.


“Los desaparecidos eran todos guerrilleros”.


“Los militares sufrieron mucho, hay muchos que murieron en esta guerra, y la vida de un soldado vale más que la de los civiles”.


“La memoria es como un pozo de porquería, cuanto más te metés, más porquerías sacás, por eso no debería haber un día de la memoria, simplemente deberíamos honrar a los caídos”.


“Los hijos de desaparecidos nunca deberían saber su identidad, ya que las familias que los adoptaron los criaron de buena fe. Los chicos que se enteran terminan peor que si no supieran. Padre es aquél que los cría”.

Los padres sostienen en el final de la presentación realizada ante Educación que “porque creemos firmemente que es fundamental no sólo tener memoria, sino también actuar en consecuencia, es que exigimos que se tomen las medidas pertinentes para que estos hechos no vuelvan a repetirse en dicha escuela ni en ninguna otra”.

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